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El duelo migratorio

El duelo migratorio

Quien viaja por turismo está preparado mentalmente para tener el mayor disfrute posible en cada momento de su paseo, y quien lo hace por negocios sabe que está comprometido  (y a veces limitado) con una responsabilidad de representación organizacional. Pero la realidad de quien viaja con la esperanza puesta en conseguir una nueva vida en otras tierras, esas oportunidades que no tiene en su país, es totalmente distinta. Estos son los migrantes.

Decir que un migrante es aquella persona que se traslada de su país de origen a otro para establecerse de manera definitiva es simplista, y la reflexión sobre este tema nos lleva más profundo. No es simplemente un cambio de ubicación geográfica. Detrás de la migración hay mucho más que eso.

Ya  Franco de Vita en su canción nos transmitía con emoción que un extranjero nunca tendrá patria y que son ellos quienes se fueron con el viento, muriéndose por dentro, llorando todo lo que jamás habían llorado, viendo desaparecer lo tanto amado.

El proceso migratorio comienza mucho antes, cuando el cuerpo, la mente, las emociones y el alma, es decir, la totalidad del ser, se ve sometida a una presión que lleva a considerar un cambio total en las condiciones de vida. Tomar esa decisión no es fácil. No son solamente los trámites para el viaje ni la organización del equipaje  lo que implica migrar, implica también el someterse a una profunda alteración emocional que nos coloca en una situación vulnerable en la cual estamos expuestos a recibir cargas que van saturando nuestro consciente e inconsciente.

Ya con el equipaje encima, dispuesto a iniciar la travesía, te encontrarás que en la maleta no llevas todo lo que quisieras, porque ahí no puedes guardar el amor, te tocará despedirte y sabes que a  muchos de los que estás dejando no los volverás a ver. Quizá los abuelos trasciendan de esta dimensión cuando estés lejos. Quizá no veas crecer a esos sobrinos o hijos. Es posible que tu pareja se quede o se vaya primero, y la incertidumbre les abrume. 

¿Dejar lo conocido? ¿Vender tus bienes, tu casa? Desprenderse de lo material que tiene tanto significado para obtener los recursos que cubrirán la travesía y  los primeros tiempos  de estadía puede ser algo muy doloroso. Esa historia, eso que obtuviste con gran esfuerzo y en su momento significaron  un triunfo en tu vida, ahora lo sueltas para siempre, y no sabes qué vendrá.

¿Dejar de visitar esos mismos lugares? ¿Ver a la misma gente? Al migrar se está dejando atrás un arraigo  establecido tiempo atrás. Te alejas de la familia, los amigos y los espacios compartidos; algunas ausencias no serán significativas como otras.

Una migración es un duelo

Migrar es atravesar un duelo, un proceso de transformación que tiene sus fases. Este duelo simbólico, en términos de Salomón Sellam, bloquea la vida, e impide la evolución. El duelo del migrante es muy similar al del doliente que perdió un familiar, pero tiene mayor amplitud porque es un vacío que no llega a llenarse con la conformidad de aceptar que un ser querido ya no está físicamente. Cuando migras, te alejas de una realidad que no era favorable, es verdad, pero ¿Qué pasa si no logras la transformación interior necesaria para superar ese duelo migratorio? ¿Qué pasa si las cosas no suceden como esperabas?

Si el duelo migratorio se bloquea, estarás en un permanente desdoblamiento, como si el cuerpo hubiera migrado al nuevo país, pero el alma se quedó atrás, recorriendo esas calles, esas memorias inconscientes. Se puede decir que hay una incoherencia en el doble cuántico de la persona, y ésta se siente débil, dividida, sin fuerza ni creatividad, víctima del destino, sin fuerza ni oportunidades.

En mi abordaje terapéutico basado en el modelo de Partes del Alma, incluyo a la recapitulación chamánica (la misma recapitulación de Don Juan le enseñó a Carlos Castaneda) como un camino fundamental que ha ayudado a muchas personas en este proceso de duelo migratorio. Esta meditación consta de respiraciones y visualizaciones específicas que permiten a la persona recoges las partes rotas de su alma en esos espacios de dolor, y reconstruirse con mi guía, para poder recuperar el poder perdido, aceptando el cambio y atrayendo una realidad más completa, próspera y feliz para sí mismo y su familia. 

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