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Una revelación en el círculo: cuatro cerebros femeninos en un mes

Ese día en la tribu, reunidos en un Círculo de Partes del Alma, pasó algo que todavía me eriza la piel.

Estábamos hablando del cansancio del alma, de los cambios en la personalidad, y especialmente de esa sensación tan común en las mujeres de sentirse “demasiado sensibles”, “demasiado cambiantes o inestables”.

Y entonces solté una frase que nadie esperaba:

“El cerebro femenino cambia completamente cuatro veces cada mes.”

La sala quedó en silencio.

Pero no era un silencio cualquiera…


Les expliqué lo que la neurociencia, investigadores de la Universidad de California y Harvard Medical School, entre muchos otros, lleva años confirmando:

las hormonas no solo alteran el estado de ánimo, sino la estructura y funciones del cerebro.

La percepción.

La conectividad.

La manera en la que piensas, sientes y decides.

Les hablé de las cuatro configuraciones cerebrales del mes:

la menstrual, la folicular, la ovulatoria y la lútea.

De cómo en una fase la intuición se afina como un instrumento sagrado,

en otra la creatividad se enciende,

en otra el magnetismo social florece,

y en la última el cuerpo pide calma, reconstrucción y verdad.

Y entonces ocurrió.

Una de las participantes soltó un suspiro entre alivio y llanto.

“¿Entonces no estoy loca… solo soy cíclica?”, murmuró.

La miré a los ojos y le dije:

“No estás rota amiga, no hay nada malo en ti… en verdad, estás diseñada para adaptarte de manera precisa y perfecta.”

Todos nos conectamos a ella compasivamente en el grupo.

En el círculo había otro hombre que también aprendía cómo relacionarse con su pareja y con su hija.

Fue un momento muy amoroso.


Y ahí aproveché para hacer la conexión:

les conté que mucho antes de Harvard, las ancestras ya hablaban de lo mismo…

pero en otro idioma.

La Doncella, la Madre, la Hechicera y la Sabia.

Cuatro arquetipos, cuatro épocas internas, cuatro estaciones del alma y del cuerpo que atestiguan el tiempo.

Lo que hoy medimos en resonancias, ellas lo sabían por observación sagrada.

esos personajes eran metáforas, mapas para navegar la vida.

Y mientras hablábamos, pude sentir cómo algo se recolocaba dentro de ellas…

como si la vibración del cuerpo dijera: por fin alguien habla mi idioma.


En ese momento, les mostré el recurso que siempre llevo para estos encuentros.

Una rueda dividida en cuatro partes: una roja, una amarilla, una negra y una blanca.

Un recordatorio de que nada en la naturaleza es lineal y que todos somos cíclicos.

Una de ellas la vio y dijo:

“Se parece a la Rueda Medicinal.” Sonreí. “¡Eso es!”

Porque sí:

al final, todo conocimiento verdadero converge.

La ciencia y lo ancestral hablan del mismo misterio:

el movimiento, el ciclo, la regeneración.

La Rueda es un mapa de integración,

una brújula para volver al centro y recordar quién eres en cada estación.

¿Sabías que dependiendo de tu percepción, creas tu realidad?

Siempre estamos materializando lo que somos y de la forma en que percibimos, por eso debemos conocernos muy bien y entender nuestros ritmos.


Cuando una mujer honra su ritmo —no el que le pide el mundo, sino el suyo—

el sistema nervioso se calma,

la energía vital regresa,

y la edad biológica comienza a descender.

Es magia.

Es coherencia.

Es el resultado de dejar de pelear con el propio cuerpo

y empezar a caminar al compás de su sabiduría.


Si sientes que esta verdad te llamó, si algo dentro de ti dijo “yo necesito vivir esto”,

entonces quiero invitarte a nuestro retiro de diciembre:

🌿 “Materializa con la Rueda Medicinal” — Bejuma, 19 al 21 de diciembre

Tres días para:

  • Reconfigurar tu energía.
  • Integrar tus cuatro estaciones internas.
  • Sanar partes fragmentadas.
  • Ordenar tu propósito.
  • Y materializar desde un lugar más pleno, más tuyo, más real.

Si quieres más información, haz clic aquí

Infinitas bendiciones,

Leo.

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