La vida evoluciona en ciclos. La luna y la tierra giran creando días, noches y fases lunares; cada año vivimos estaciones y etapas diferentes que se repiten; en una familia en cada generación hay nacimientos, muertes, bodas, rituales, migraciones, emprendimientos, situaciones que marcan también eventos y etapas.
Pero ¿por qué repetimos experiencias negativas, incómodas, sensibles o dolorosas y por más que queremos evitarlo no salimos de esos bucles?
La repetición tiene un sentido, y usualmente tiene dos caras:
- Biológica, para la supervivencia, la adaptación y la mejora de los recursos para la trascendencia y la vida,
- Espiritual, para el aprendizaje, el crecimiento, la expansión de la consciencia y la integración de las partes del alma.
Si estamos repitiendo una experiencia, es porque aún no hemos integrado completamente el aprendizaje o la evolución necesaria. Si no podemos ver la razón que origina la repetición, es porque está en nuestro punto ciego o nuestra sombra.
¿Cómo podemos aterrizar esto en la cotidianidad?
- Atraemos el mismo patrón de relación de pareja, una y otra vez, porque tenemos un aprendizaje pendiente del pasado, con alguna pareja anterior, con papá, mamá o alguien del transgeneracional.
- Atraemos la misma caída repetitiva de los proyectos y emprendimientos porque tenemos una neurosis de fracaso que encierra una desvalorización a la que no le hemos prestado atención.
- Atraemos la misma enfermedad porque no hemos aceptado completamente esa realidad del pasado o del presente, rechazamos, negamos y nos resistimos a lo que sucede.
¿Y qué podemos hacer? Observar la emoción negativa que ese patrón nos genera y utilizarla como guía. Debemos aprender a ser valientes para aprender de nuestros errores y de nuestras manifestaciones inconscientes repetitivas.
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