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Gaslighting, narcisismo oculto y pérdida de autoestima: lo que descubrimos en sesión con Ángela

La pantalla se iluminó y apareció el rostro de Ángela. Eran los primeros días de enero —ese momento del año donde el mundo se promete renacer—, pero en sus ojos había una confusión vieja, como un eco que no había conseguido apagarse nunca. Yo, Leo, la miraba desde mi lado de la pantalla y sentía cómo su corazón —ese punto entre cielo y tierra— estaba peleando por mantenerse en pie.

Muchas personas viven gaslighting, abuso emocional y narcisismo oculto sin darse cuenta, especialmente cuando su autoestima está herida y su historia familiar normalizó la confusión. Esta es la historia real de Ángela, una mujer sensible atrapada entre la manipulación emocional y el recuerdo inconsciente de un nudo familiar antiguo.


4 señales claras de gaslighting que vivía Ángela

  • Burla y humillación disfrazada de “chistes”.
  • Control económico y emocional.
  • Hacerla dudar de su memoria y de su intuición.
  • Drenaje de autoestima y culpa constante.

Gaslighting y narcisismo oculto: señales que Ángela no veía

Ángela se disculpó por su torpeza con la tecnología, aunque ambos sabíamos que no era la plataforma lo que le costaba, sino mostrarse. Me confesó que se sentía súper confundida y que le daba pena hablar, pero el peso de lo vivido con su esposo durante diciembre ya no podía sostenerlo sola.

—Desde que llegó mi hermana el 24, él se portó mal conmigo delante de todos —dijo, con la voz rota—. Me trataba a patadas, se burlaba… como si yo fuera una “cachifa”. Me dice que soy una fracasada, una bruta porque no aprendo inglés… que no hago nada con mi vida.

Mientras hablaba, podía sentir dentro de ella un choque claro entre dos Partes del Alma:

  • una parte de su sombra herida que lloraba en silencio,
  • y otra parte de su personalidad que seguía justificando lo injustificable.

Esa lucha interior es común en las almas cansadas: justificar incoherencias porque les enseñaron a amar desde el miedo.

Ángela explicó que Juan Andrés, el esposo, controlaba cada dólar de su cuenta para impedir que se fuera. Y entonces lo sentí: ese velo familiar que se repite generación tras generación hasta que alguien lo ve.


Cómo el gaslighting destruye la autoestima y confunde a las almas sensibles

Respiré con ella.

—Ángela, ¿has escuchado el término Gaslighting? —pregunté suavemente, esperando que su alma abriera espacio para lo que venía.

Le expliqué sin tecnicismos, desde una imagen más humana:

—El gaslighting es cuando el narcisismo tóxico y la manipulación emocional intentan limitar tu percepción… hasta que dudas de tu propia luz. Cuando te dicen: “yo nunca dije eso” o “eres muy sensible”. Es una forma de apagar tu corazón desde adentro.

Ella asentía, absorta, mientras mirábamos los efectos que ya vivía:

  • Dudas constantes sobre sí misma.
  • Desconfianza en su memoria e intuición.
  • Autoestima drenada.

Todo sostenido por mentiras externas que luego repetía como propias: el Nudo Mitómano de su árbol genealógico hablando a través de ella.

Me confesó que compraba cosas compulsivamente para llenar un vacío que no se llenaba nunca. Que, aunque tenía casa y dinero, no era feliz. Y que se disculpaba todo el tiempo, incluso cuando no había nada de qué disculparse.

—Me siento en caos, Leo —susurró.

Allí su alma habló más fuerte que su voz.


El origen emocional: cuando el abuso actual activa heridas del linaje

Le propuse un protocolo sencillo pero profundo. Le pedí que escribiera en una hoja, grande: “ESTOY EN CAOS”.

La invité a colocar la mano encima, cerrar los ojos y sentir dónde vivía ese caos en su cuerpo. A través de la respiración consciente, la guié a entrar en su tristeza… y luego a bajar a la rabia que vibraba debajo, como una presión punzante en cuello y hombros.

—Vamos atrás, Ángela. Deja que tu cuerpo te muestre el origen. 10… 9… 8…

Y entonces ocurrió: su alma la llevó a un momento a sus nueve años, en Yaracuy, Venezuela.

Vio a su madre exagerando sus faltas. A su padre amenazándola:

“En la casa me la vas a pagar.”

Ese miedo infantil —esa frase tatuada en el sistema nervioso— era el mismo que ahora Juan Andrés activaba para paralizarla.
Un nudo narcisista actuando a través del tiempo, llevándola a vincularse con alguien que apagaba su intuición, su voz y su luz.

—Eras una niña, Ángela —le recordé—. Y sobreviviste a algo injusto que nadie tendría que vivir.

Le pedí que imaginara una pequeña vela encendida en su alma, ese fuego sutil que queda incluso cuando todo afuera intenta apagarte. Le pedí que dejara que ese fuego quemara la amenaza, la rabia, la obediencia ciega heredada de su linaje. Y que expulsara por la boca todo lo que no le pertenecía.


Del caos a la claridad: el proceso terapéutico para recuperar el poder personal

Al abrir los ojos, su energía había cambiado.
El caos no se había ido del todo, pero ya no la arrastraba.
Había un hilo de claridad queriendo nacer.

—Ya no siento que estoy en caos —murmuró, con la voz más firme.

Como cierre, le pedí que rompiera la hoja con fuerza. Que su cuerpo sintiera la ruptura del viejo pacto. Y le dejé una tarea para la semana: prácticas para fortalecer su autoridad interior, confiar en su intuición y establecer límites sagrados.

—Vamos a recuperar tu autoestima —le dije—.
Vas a reconectar con tu fuerza interior, la que nace del alma que se recuerda a sí misma.

Ángela se despidió con una sonrisa, tímida, pero real.

Una sonrisa que decía: “aquí estoy.”

Lista para dejar de vivir bajo luces manipuladas y comenzar a caminar hacia su propia claridad.

Si esta historia mueve algo en ti, es posible que requieras un acompañamiento parecido para que descubras el kamino de retorno a tu propia autoridad

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