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Leo Azarak

Ego, alma y la Sagrada Trinidad de nuestro cuerpo

Somos seres multidimensionales. Cada uno de nosotros es una maravillosa y armoniosa constitución energética de pura consciencia Universal. El alma mueve el cuerpo, el vehículo, animándolo con todas sus partes, y entre ellas está por su puesto el Ego, así como la tripolaridad de la biología. Cada camino místico o religioso tiene su propio lenguaje, estructura, anatomía y configuración del alma, así como los métodos para apropiarse y empoderarse, viviendo una buena vida.

Muchas de esas religiones actuales se refieren como fuente primigenia a la espiritualidad del antiguo Egipto, en cuyo conocimiento se entiende que esas partes del alma son principalmente cinco: La chispa divina del espíritu que da vida y que viaja en el tiempo; eso sombrío que rechazamos; el ego y la personalidad que construimos como estrategia de adaptación y narra la historia que nos contamos a nosotros mismos y al mundo; el nombre que recibimos y que nos da destino y existencia relativa en un contexto familiar; y finalmente, el portal del campo electromagnético toroidal del corazón.

El Ego es un personaje, una máscara que hemos creado desde el inicio de nuestra vida y que tiene elementos que vienen del árbol genealógico. Desde el pasado familiar, la vida de nuestros padres y de otros ancestros, hay una influencia clara en las características de ese Ego, la personalidad y el carácter en general. En este sentido quizá una de las herramientas más idóneas para su entendimiento es el Eneagrama como vía de autoconocimiento y desarrollo personal. Nos permite ver por qué somos como somos, nuestras motivaciones inconscientes, miedos, luces y sombras. El Eneagrama nos da oportunidades de equilibrio y mejoramiento de relaciones sociales. El Ego viene respondiendo, desde esa fundamentación, a una adaptación biológica y social que se hace necesaria para poder ser parte de ese mundo, y vemos todas estas tendencias en el Eneagrama.

La dinámica del Ego

De manera permanente, el Ego se va construyendo y deconstruyendo. Adoptamos conductas y comportamientos que responden a las demandas sociales del contexto en el cual nos desenvolvemos, es decir, necesitamos de ese Ego para vivir en sociedad, tener logros, proyectar una imagen, relacionarnos con otros, identificarnos con grupos, ideas, culturas, y por tanto debemos estar familiarizados con él. Lo debemos conocer porque es nuestra creación, aún cuando inicialmente no lo hayamos planificado ni se haya desarrollado en base a nuestras preferencias, gustos e intereses. El Ego es eso que yo sé que soy, y existirá mientras esté en la vida encarnada. Podemos obviar cualquier intento reflexivo sobre nuestra personalidad y máscara, y dejar que domine nuestra vida para ver cómo nos va. Pero de alguna manera, el miedo estará allí, asechando. Por otro lado, podemos usarlo para el más alto bien, como un sirviente, un embajador, de los altos planes de nuestra alma.

De esas cinco partes del alma principales, algunas seguirán existiendo después de la muerte, es decir que no desaparecerán cuando culmine la vida encarnada. Esta idea tiene coincidencia con diferentes caminos espirituales, religiones y creencias. Pero el destino del ego es el fin. Por eso se dice que tiene miedo, apego y se aferra a existir. La trascendencia le preocupa.

Conoce las partes del alma y el árbol genealógico mirando este video en mi canal de YouTube

Esta concepción moderna del Ego se puede asociar con esa parte del alma que los egipcios de la antigüedad llamaban Ba. Consistía en un banco de memoria de las vidas vividas en la tierra y que marcaban tendencias anímicas del carácter y de la forma de ser. Esta parte podía evolucionar e incluso viajar más allá de la muerte y del cuerpo, en almas grandes y evolucionadas. De allí el sentido de la unión de partes que se conoce como MerKaBa, el cuerpo de luz multidimensional. Es la única forma, al parecer, de que el ego transformado pueda sobrevivir a la muerte física.

Mientras estamos encarnados, la dinámica Ego-Alma se dirime en la vivencia de nuestras emociones. Etimológicamente, “emoción”, viene de “movimiento”. Biológicamente, el sentido de toda emoción es movernos hacia algo, lejos de, motivarnos a, o evitar que nos movamos en pos de algo. La consciencia es energía que se mueve y se libera. Ellas provienen de la liberación hormonal en el cuerpo, pueden generar movimiento o parálisis. Pero es el conjunto ego y personalidad esa parte que brindará la percepción, o el filtro que dará interpretación a cada evento de la vida. Una misma situación puede desencadenar diferentes emociones en distintas personas. De hecho, también puede ocurrir que el mismo estímulo que generó una emoción a una persona en un momento dado, provoque emociones distintas en otro instante posterior, porque la identidad cambia, la personalidad evoluciona y el ego se va adaptando. 

La Sagrada Trinidad en la carne

La sagrada trinidad está presente en casi cualquier religión. Padre, hijo y Espíritu Santo; Brahma, Shiva y Vishnu; Isis, Osiris, Horus; María, José y Jesús, y muchas más trinidades, podríamos mencionar, como espacio, tiempo y evento; alto, largo y ancho; frecuencia, vibración y energía, etc. Podemos llevar esa analogía al mundo encarnado con la tripolaridad biológica descubierta por el médico alemán Ryke Hamer, que además es una de las bases de la biodescodificación de enfermedades. No hay nada en el cuerpo humano que suceda fuera de tres dimensiones al mismo tiempo. No hay nada que suceda en una sola dimensión de esta trinidad sin que afecte a las otras dos. La tríada cerebro, psique y órgano son una totalidad.

Todo acontecimiento vivido por una persona tiene un sentido basado en las creencias de dicho individuo, que genera las emociones nacidas de las necesidades y satisfacciones (o insatisfacciones) biológicas, y a la vez corresponden a una estimulación de un conjunto de neuronas en el cerebro, que están determinando el comportamiento de ciertos tejidos y órganos. Una sagrada trinidad que nos lleva a través de la vida encarnada. Toda experiencia es vivida en tres dimensiones, a la vez, desde la más sutil caricia, hasta el trauma más doloroso.

Nuestra multidimensionalidad es infinitamente rica y el autoconocimiento nos brinda muchas oportunidades de evolución y sanación. Si tenemos un ego, un alma con muchas partes, un cuerpo con esta sagrada divinidad viviendo en su dinámica constante, entonces ¿Quiénes somos? ¿Qué es nuestra esencia? ¿Quién soy? ¿Te has hecho esta pregunta?

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