Carmelina Padulo

«Cuando desperté estaba metida en una bolsa plástica negra. Al ver salir el fantasma que era yo, dejaron de llorar. No podía reconocer a nadie, ni a mi esposo o a mis hijos; sólo al espiritista que me había exorcizado durante una semana. Él también lloraba porque había pasado la noche junto a mi cadáver pensando en que iría a la cárcel. Había regresado de la muerte y sólo sentía un infinito agradecimiento por él.»

Deja una respuesta

17 + doce =