En este momento estás viendo A los 50 años, por primera vez dijo “no”. Dejó de hacerse daño y todo cambió

A los 50 años, por primera vez dijo “no”. Dejó de hacerse daño y todo cambió

Para buscadores espirituales heridos que anhelan procesos profundos de sanación y superación de bloqueos familiares.


Gabriela tenía más de 50 años cuando, por primera vez en su vida, dijo “no”.

No a un hombre que deseaba de ella sólo su cuerpo.

No a la urgencia de dar todo en el primer encuentro.

No al miedo ancestral basado en la creencia de que, si no accedía, la abandonarían.

Fue un «no» pequeño en apariencia. Pero para ella, fue el regalo más grande que se había dado ella misma en su vida.

Después de colgar el teléfono, se quedó sentada en el borde de su cama, con las manos temblando.

No se arrepentía. Al contrario, sentía algo que nunca había sentido en un momento así: alivio.

Un alivio profundo. Por fin algo dentro de ella se empoderaba como nunca.

En nuestra siguiente sesión, me lo compartió con los ojos brillantes:

«Fue como darme cuenta de que yo valgo por otras cosas».

Esa frase dejaba décadas de dolor al descubierto y daba inicio a su verdadera sanación.


El patrón se repite hasta que lo miras y tomas acción

¿Por qué le había costado tanto decir no?

Porque Gabriela había aprendido, desde muy joven, que para recibir amor tenía que dar su cuerpo primero. Que su valor no estaba en quien era, sino en lo que podía ofrecer. Estaba convencida de que si no seducía, si no complacía, si no cedía… nadie se quedaría con ella.

Y así había vivido: comprando afecto con su sexualidad, entregándose antes de sentir si realmente lo deseaba, aceptando situaciones que la vaciaban porque el miedo al abandono pesaba más que su propia dignidad.

«Yo daba todo en el momento por miedo a que no me eligieran».

Este patrón, aunque nació de una herida de abuso original, se había convertido en algo contante: auto-maltrato.

Ya no necesitaba que alguien le hiciera daño. Ella misma se lo hacía, emocional y mentalmente, cada vez que ignoraba sus propios límites.

Esta situación es mucho más común de lo que las personas pueden pensar. Te comparto algunas reflexiones para ver si te identificas y reconoces algunas de estas señales en tu vida:

  • Sientes que no mereces una pareja que te valore, amistades sólidas o abundancia por quien eres, sino solo por lo que das.
  • Atraes relaciones que inevitablemente te abandonan, repitiendo la misma herida una y otra vez.
  • Tienes miedo a mostrarte tal como eres, porque en el fondo no crees que eso sea suficiente.

Si has leído decenas de libros espirituales, si has tomado cursos que prometían transformación, probablemente conoces esta frustración: la información sola no basta. La transformación real llega cuando la encarnamos en el cuerpo, cuando tomas acción.

La sanación profunda no está en acumular conocimiento. Está en dejar de hacerte daño a ti misma.


La niña que arrastraba a papá

En nuestra sesión, pudimos acceder con la técnica de hipnosis a una línea de tiempo muy especial de Gabriela. Y encontramos a un niña de cuatro años.

Esa Gaby pequeña presenciaba las peleas violentas de sus padres. Veía a su padre borracho, tirado en el suelo, y tenía que arrastrarlo hasta la cama. El miedo la atravesaba cada noche. Y la pregunta silenciosa que nunca se iba: «¿Por qué papá no me ve? ¿Por qué no se queda?»

La ausencia del padre dejó un vacío inmenso. Y ese vacío, con los años, se convirtió en una creencia profunda: «No soy suficiente. Tengo que hacer algo más para que me amen».

La niña Gabriela seguía esperando que papá volviera. Y la Gabriela adulta seguía atrayendo hombres que, como papá, siempre se iban.

El abuso que recibió de niña —la negligencia emocional, la violencia presenciada, el abandono— no terminó en la infancia. Se transformó. Gabriela aprendió a perpetuarlo ella misma, sometiéndose a situaciones que la lastimaban, negando sus propios deseos, silenciando su voz interior.

El patrón no se rompe hasta que lo miras de frente.


El momento bisagra: Elegirse a sí misma

Volvamos a ese momento. Gabriela, a sus 50 años, frente a un hombre que esperaba algo de ella.

Y por primera vez, sintió una voz interna, suave pero firme, que le decía: «No tienes que hacer esto».

Así que dijo no.

Gabriela se respetó a sí misma. Lo que vino después fue inesperado. Se eligió, se empoderó. Eso cambió su vibración interna para siempre.

¿Qué sucede en ese momento crucial de voluntad y cambio interior?

  • Mientras más te elijas a ti, más aumenta tu autoestima.
  • Mientras más aumentes tu autoestima, la forma en que los demás te miran cambia, porque la forma en que te miras a ti misma es la forma en que el mundo te refleja.

Tres prácticas para elegirte

La sanación, en este nivel, es aprender a ser tu propia «buena amiga», tu propia «buena mamá» y «buen papá».

Si te encuentras en transición, si sientes que estás comprando afecto o validación, aquí hay tres prácticas profundas:

1. Define tu «campo de práctica» de la autoestima

Usa tus interacciones como un laboratorio para elegirte. La calidad de cualquier relación se enriquece cuando te sientes bien contigo y con la otra persona. Practica estar presente sin negarte a ti misma.

2. Detén el auto-maltrato emocional

Identifica en qué momentos accedes a peticiones que te desagradan solo para ser aceptada. El abuso que se recibe de niño puede convertirse en un patrón: aprendes a hacértelo a ti misma en la adultez.

La práctica es radical pero simple: si no quieres algo, no accedas. Cada «no» que honra tu verdad es un acto de amor propio, es im “sí” que te das a ti.

3. Sana la herida del abandono

Si siempre atraes a personas que te abandonan, es fundamental sanar la herida esencial del abandono. Estás atrayendo la experiencia con tu campo electromagnético.

Mientras la «niña interior» siga esperando que papá regrese, seguirás atrayendo personas que se irán como él lo hizo.

Necesitas hacer conciencia de ese vacío interior y permitir que esa niña finalmente descanse. Porque tú, la adulta, ya estás aquí para cuidarla.


El Kamino profundo

La historia de Gabriela no terminó con ese «no». Ese fue solo el comienzo.

La sanación de heridas fundamentales requiere un proceso sostenido y profundo. El Programa Kamino permite liberar las memorias emocionales guardadas en el cuerpo para que el alma pueda elevarse a un estado de conciencia superior.

Avanzamos en un ritmo amable, con sesiones concretas, transmutando el dolor, aceptándolo radicalmente («Acepto que lo viví»), para encontrar la luz que trae la sabiduría.

Si estás lista para una transformación real que te fortalezca desde la raíz, explorar Kamino puede ser el siguiente paso para elegirte a ti misma, a ti mismo, por encima de todo. Haz clic aquí si quieres más información.

Porque la sanación profunda empieza cuando dejas de hacerte daño.

Y todo cambia cuando, por fin, dices no a lo que te lastima… y sí a quien realmente eres.


Infinitas bendiciones, Kaminante.

Leo

Deja una respuesta

uno × tres =